miércoles, 8 de junio de 2016

El medio ambiente, tarea de todos

El sentido común y el medio ambiente

Lic. Luis A. OSCÁTEGUI QUISPE.


Usted se preguntará ¿y qué es el sentido común? Bueno, el sentido común es aquella capacidad del ser humano de darse cuenta si lo que está haciendo está bien o mal. El sentido común no necesita previa evaluación del hecho, simplemente aplica la sabiduría popular, también se podría decir que es nuestra conciencia que nos habla. Vale decir que el sentido común es la hermanita menor de la ética. Si la ejemplificamos sería más o menos así: “Por favor Andrés baja el volumen de tu equipo, no puedo estudiar/ ¡No quiero!, no me interesa tu estudio, así que vete de mi cuarto/ (Andrés reacciona, apaga su equipo y corre a buscar a su hermana y le dice) Danielita ya apagué mi equipo… perdóname por haberte gritado…”.
Hace poco tiempo viajaba en una combi y compartí el estrecho asiento con una señora que en brazos traía a un niño de unos tres añitos, iba dándole galletas de a pocos, hasta que se terminó, fríamente levantó la mano, abrió la ventana y arrojó la envoltura fuera del vehículo en marcha. El niño miró a su madre y le sonrió. Este pequeño a partir de ese día aprendió que ese acto es normal (que está bien), pero todos sabemos que eso está mal (no está bien). Muy pocas personas ponen los desperdicios en su sitio, la gran mayoría las arroja casi sin darse cuenta.
¿Viste algún día un desfile de pancartas con lemas alusivos al cuidado del medio ambiente? ¿Te fijaste que al concluir la marcha los estudiantes destruyen sus pancartas y los tiran por toda la calle y el viento se encarga de transportarlos por toda la ciudad? Es un espectáculo realmente indignante.

Dicen los expertos que esto sucede porque las neuronas de nuestro cerebro, forma una especie de eslabones unidos formando una gran cadena para cada acto. Una vez formada la cadena las reacciones o los actos se automatizan, por ejemplo: “Cuando no sabíamos caminar, el cerebro unió uno a uno los eslabones de cada movimiento: primero pararse bien sin perder estabilidad, levantar un pié manteniendo el equilibrio con los brazos levantados, llevarlo hacia adelante y colocarlo perfectamente en el piso, elevar el siguiente pié con mucho cuidado sopesando siempre el peso del cuerpo y por fin dar el paso siguiente mientras te sostienes en el primero, etc. Cuando el cerebro une todas las neuronas necesarias para esta acción es que aprendes a caminar por ti mismo, luego no te darás cuenta de los pasos que das, caminarás, correrás, subirás y bajarás por donde quieras”. Igual sucede con el habla, con el acto de comer, con el acto de manejar un vehículo, en general con todos nuestros actos.
Cuando alguien arroja desperdicios al piso sin darse cuenta, es que su cerebro ha automatizado ese acto, sin considerar si está bien o mal. Pero nuestro cerebro es maravilloso, puede darse cuenta en algún momento si lo que está haciendo está bien o no. Desde ese momento podemos revertir ese acto por uno nuevo, que se supone debería ser exactamente lo contrario de lo que venías haciendo y se formará otra cadena de neuronas y desechará la anterior. Así en vez de arrojar al piso los desperdicios, buscarás el lugar apropiado o lo guardarás en tu bolsillo hasta encontrarlo.
El medio ambiente espera que todos seamos conscientes y responsables de los desechos que generamos, por muy pequeños que éstos sean, deben ser depositados en su lugar. La sociedad, la nueva sociedad, espera que reflexionemos y hagamos las cosas bien. Estamos en la obligación de dejar un mundo mejor, sano y saludable. Si hacemos esto seremos mejores personas ahora y lo serán mucho mejores en el futuro, de eso no cabe dudap


viernes, 22 de enero de 2016

La palabra es maravillosa

La palabra



Casi nunca pensamos en la palabra y eso que en todo momento la utilizamos. En nuestros sueños nos hablan, escuchamos y entendemos; me pregunto si los primeros hombres en sus sueños conversaban.
La palabra, ¿te imaginas? cuánto tiempo habrá tenido que utilizar el ser humano para construir una palabra con sentido y significado y que ésta sea entendida y aceptada por los demás; ¿te imaginas? la cantidad de palabras que existe en un idioma en la actualidad y que se tuvo que elaborar diccionarios para no olvidar o más bien recordar el significado de cada uno de ellos; sin contar que hoy en día las palabras están aumentando según el surgimiento de las nuevas tecnologías y según los nuevos descubrimientos. Algunas de idiomas diferentes se han unido (palabras híbridas) y otras están sufriendo mutaciones. Hay palabras que siendo de otro idioma lo hablamos sin reparo y hasta, pienso, sin darnos cuenta. Es que la globalización también llegó a nuestras lenguas.
Las palabras también nacen, crecen se reproducen y mueren. Hay idiomas que están en extinción, como el aimara y el quechua, el chimú o el azteca. Hay otras tantas en el mundo y en nuestra amazonia que ya desaparecieron sin dejar rastro. Es una gran pérdida para la humanidad.

La palabra hablada o escrita es algo mágico, la creación más elemental, necesaria e importante que el hombre haya desarrollado y que gracias a su habilidad convirtió en arte. La palabra tiene el poder de narrar y darnos a conocer en el tiempo lo que otros hombres han querido hacernos saber. Grandes obras literarias, canciones, testamentos, escritos históricos y científicos, lo conocemos ahora por medio de la palabra.
Gracias a la palabra nos podemos comunicar, ¿no es sorprendente eso? Las palabras juntas, aunque imperfectamente, dicen lo que queremos, sentimos y deseamos explicar. Casi nada podemos hacer sin decir una palabra.
A veces y por la rapidez con que se tienen que decir las cosas, se obvian las palabras y en su lugar inventamos los signos y símbolos (especialmente en el tránsito) que no son otra cosa que palabras condensadas en una imagen. Por ejemplo una luz roja te dice “detente” o “espérate”, un letrero en forma de rombo, con la imagen de dos niños corriendo sobre fondo amarillo te dice “que muy cerca hay un centro educativo y que los niños cruzan intempestivamente la pista y debes tener cuidado”, mira cuántas palabras se ha ahorrado con una sola imagen.
Espero que reflexionemos sobre las palabras, ellas también pueden salvar vidas, alegrarnos cuando estemos tristes; orientarnos cuando estamos confundidos, así que utilicémosla con responsabilidad, adecuadamente, con claridad y coherencia. Hasta la próximap

 Alicia ASÍS ATENCIO y
 Luis A. OSCÁTEGUI QUISPE