viernes, 22 de enero de 2016

La palabra es maravillosa

La palabra



Casi nunca pensamos en la palabra y eso que en todo momento la utilizamos. En nuestros sueños nos hablan, escuchamos y entendemos; me pregunto si los primeros hombres en sus sueños conversaban.
La palabra, ¿te imaginas? cuánto tiempo habrá tenido que utilizar el ser humano para construir una palabra con sentido y significado y que ésta sea entendida y aceptada por los demás; ¿te imaginas? la cantidad de palabras que existe en un idioma en la actualidad y que se tuvo que elaborar diccionarios para no olvidar o más bien recordar el significado de cada uno de ellos; sin contar que hoy en día las palabras están aumentando según el surgimiento de las nuevas tecnologías y según los nuevos descubrimientos. Algunas de idiomas diferentes se han unido (palabras híbridas) y otras están sufriendo mutaciones. Hay palabras que siendo de otro idioma lo hablamos sin reparo y hasta, pienso, sin darnos cuenta. Es que la globalización también llegó a nuestras lenguas.
Las palabras también nacen, crecen se reproducen y mueren. Hay idiomas que están en extinción, como el aimara y el quechua, el chimú o el azteca. Hay otras tantas en el mundo y en nuestra amazonia que ya desaparecieron sin dejar rastro. Es una gran pérdida para la humanidad.

La palabra hablada o escrita es algo mágico, la creación más elemental, necesaria e importante que el hombre haya desarrollado y que gracias a su habilidad convirtió en arte. La palabra tiene el poder de narrar y darnos a conocer en el tiempo lo que otros hombres han querido hacernos saber. Grandes obras literarias, canciones, testamentos, escritos históricos y científicos, lo conocemos ahora por medio de la palabra.
Gracias a la palabra nos podemos comunicar, ¿no es sorprendente eso? Las palabras juntas, aunque imperfectamente, dicen lo que queremos, sentimos y deseamos explicar. Casi nada podemos hacer sin decir una palabra.
A veces y por la rapidez con que se tienen que decir las cosas, se obvian las palabras y en su lugar inventamos los signos y símbolos (especialmente en el tránsito) que no son otra cosa que palabras condensadas en una imagen. Por ejemplo una luz roja te dice “detente” o “espérate”, un letrero en forma de rombo, con la imagen de dos niños corriendo sobre fondo amarillo te dice “que muy cerca hay un centro educativo y que los niños cruzan intempestivamente la pista y debes tener cuidado”, mira cuántas palabras se ha ahorrado con una sola imagen.
Espero que reflexionemos sobre las palabras, ellas también pueden salvar vidas, alegrarnos cuando estemos tristes; orientarnos cuando estamos confundidos, así que utilicémosla con responsabilidad, adecuadamente, con claridad y coherencia. Hasta la próximap

 Alicia ASÍS ATENCIO y
 Luis A. OSCÁTEGUI QUISPE